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La Muerte de Napoleón

El día 5 de mayo de 1821 moría en la isla de Santa Elena, donde llevaba más de cinco años de desterrado y tras una larga enfermedad, Napoleón Bonaparte, antiguo emperador francés y uno de los estrategas más grandes de todos los tiempos. La autopsia determinó que había fallecido de cáncer de estómago y la causa de su muerte no despertó sospechas hasta que, en 1955, el odontólogo sueco Sten Forshufvud que era un experto en química y toxicología y un gran bonapartista, descubre leyendo las memorias de Louis Marchand -el fiel ayudante de cámara de Napoleón que permaneció junto a él hasta su muerte- que en la detallada descripción del proceso de su enfermedad se reconocían claramente 28 de los 31 síntomas del envenenamiento lento por arsénico. 


Además, Napoleón estaba muy obeso, mientras que los enfermos de cáncer suelen estar extremadamente delgados y, cuando 19 años después de su muerte, su cadáver fue exhumado el cuerpo se mantenía en perfectas condiciones. Ambos hechos quedarían justificados por la presencia del arsénico en su organismo.


El odontólogo sueco decidió leer todo lo que se había publicado sobre los últimos años de Napoleón, que era mucho material, y al finalizar las lecturas Forshufvud no tenía ninguna duda sobre la causa de la muerte de Napoleón Bonaparte: envenenamiento por arsénico. Pensó que no había forma de probar su sospecha hasta que se enteró que el análisis del cabello permitía no solamente detectar el arsénico en un cuerpo, sino también la cantidad y el periodo en que se había ingerido. Las autoridades francesas no iban a permitir la exhumación del cadáver, por lo que necesitaba encontrar algún mechón de su cabello y nuevamente el fiel ayudante de cámara ofreció la solución ya que entre sus recuerdos personales se encontraba un sobre cerrado escrito de su puño y letra, donde se leía "Cabellos de Napoleón, 5 de Mayo de 1821". Su análisis confirmó todas las sospechas: el pelo contenía trece veces más arsénico de lo normal y hasta sesenta veces más en períodos que coincidían con crisis graves de su enfermedad. 


Se concluyó que el arsénico se le suministraba una vez al mes y en una dosis suficientemente elevada para ir deteriorando su organismo sin matarle. Mediante otras muestras se determinó que el envenenamiento se había iniciado desde su misma llegada a Santa Elena y prolongado hasta su muerte. Gracias a las investigaciones del odontólogo sueco nadie podría ya negar que Napoleón hubiera ingerido arsénico. Pero si se trató de un crimen premeditado, un accidente o un error médico… eso ya es otra historia a develar.

 

   
  

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