La Saga de la Amalgama
La amalgama de plata, una aleación de mercurio, plata, estaño y cobre, ha sido, indiscutiblemente, el material de restauración más utilizado en la historia de la Odontología. Su durabilidad, facilidad de manipulación y bajo costo la convirtieron en el estándar de oro durante más de 150 años. Sin embargo, su historia no es de aceptación pacífica, sino una saga compleja marcada por el conflicto clínico, la guerra regulatoria y, finalmente, su paulatino ocaso estratégico.
Génesis y la “Guerra de la Amalgama”
Aunque sus orígenes se remontan a la China de la dinastía Tang (alrededor del 659 d.C.), donde se utilizaba una forma temprana de “pasta de plata” compuesta por mercurio, plata y zinc para obturar dientes, el material desapareció de la práctica durante siglos. Fue en el siglo XIX cuando la amalgama irrumpió con fuerza en la práctica occidental, desatando una controversia que hoy conocemos como la “Guerra de la Amalgama”. El paso fundamental para esto lo dio el dentista francés Auguste Taveau quien, en 1816 en París, fue pionero al desarrollar y documentar una mezcla funcional de monedas de plata trituradas con mercurio. Su invención revitalizó el uso del material en Europa, y fue finalmente introducida en Estados Unidos en 1833 por los hermanos Crawcour, dentistas itinerantes de origen francés. El material fue inicialmente visto con escepticismo, principalmente por la American Society of Dental Surgeons (ASDS), que en 1840 la declaró una práctica fraudulenta debido al potencial tóxico del mercurio.
La ASDS incluso obligó a sus miembros a firmar promesas de no uso. No obstante, la amalgama era más asequible y más fácil de colocar que las complejas restauraciones de oro cohesionado, ganando rápidamente adeptos, especialmente en áreas rurales y entre dentistas que atendían a poblaciones de bajos recursos. La rigidez de la ASDS, incapaz de detener su uso popular, llevó a su disolución en 1856, sentando las bases para una nueva era de organizaciones profesionales, siendo reemplazada por la American Dental Convention (ADC) y, más tarde, por la Asociación Dental Americana (ADA) en 1859 que, a regañadientes, tuvieron que aceptar la amalgama mientras se enfocaban en mejorar su formulación.
El Material de Elección y la Edad de Oro Clínica
A finales del siglo XIX y a lo largo del XX, la amalgama se consolidó como el material preferido. Figuras como Greene Vardiman Black (G.V. Black) perfeccionaron su formulación y, crucialmente, establecieron los principios de la preparación cavitaria que regirían la Odontología Restauradora durante décadas: las famosas extensiones por prevención. La amalgama ofrecía excelentes propiedades mecánicas, resistencia a la compresión y una longevidad que pocos materiales podían igualar.
A pesar de su éxito clínico, el estigma
del mercurio persistió. Las controversias se reavivaron periódicamente con estudios que vinculaban la liberación de vapores de mercurio con posibles efectos neurotóxicos o enfermedades sistémicas, aunque la evidencia científica contundente y concluyente sobre sus efectos adversos a dosis clínicas se mantuvo, y se mantiene, débil en la mayoría de los casos.
La Transición del Siglo XXI y el Convenio de Minamata
El verdadero cambio de paradigma llegó impulsado por dos factores interrelacionados: la estética y la regulación ambiental.
- Avance Estético: El desarrollo y perfeccionamiento de los sistemas de resinas compuestas, con una resistencia y adhesión significativamente mejoradas, ofrecieron una alternativa viable y estéticamente superior. El paciente moderno ya no solo demanda función, sino también mimetismo dental.
- Imperativo Ambiental: La amalgama pasó de ser un problema de salud pública a un desafío de gestión de residuos. La preocupación por la liberación de mercurio en el medio ambiente a través de la eliminación inadecuada de los desechos dentales y las aguas residuales llevó a la creación del Convenio de Minamata sobre el Mercurio (2013). Este tratado internacional no exige la prohibición inmediata, sino la “reducción gradual” del uso de amalgamas a través de medidas como la promoción de alternativas sin mercurio, la investigación en mejores encapsulados y, de manera crítica para el profesional, la instalación de separadores de amalgama en las unidades dentales.
Hoy, la amalgama permanece en uso en muchas regiones debido a su costo-efectividad y robustez, especialmente en restauraciones de clase I y II en pacientes con higiene comprometida. Sin embargo, en la mayoría de las clínicas de alto estándar, ha sido desplazada por los composites y los sistemas cerámicos. La saga de la amalgama es una lección poderosa sobre cómo la innovación, la regulación y la demanda social reescriben constantemente la historia de nuestros protocolos clínicos.

